Cómo escribir las cartas

Caracteres y requisitos para escribir las cartas.

 

Cómo escribir las cartas

 

¿Cómo escribir las cartas? De todas las formas literarias, la epistolar, por ser la que tiene un mayor y más inmediato interés práctico, es la más común; pero, sin embargo, no por eso es la más fácil.

En la acertada definición que de la carta se ha dado como una conversación entre ausentes, encuentran adecuada expresión sus caracteres, sus límites, sus inconvenientes y sus normas.

Cuando conversamos, tenemos la gran ventaja de verle la cara a la persona que con nosotros dialoga, de observar, en las diferentes expresiones que sucesivamente vemos reflejarse en ella, los efectos de nuestro discurso, el cual, por consiguiente, podemos adaptar a las circunstancias; sin contar con que, además de la palabra, disponemos de otros muchos elementos imponderables, tales como el gesto, la sonrisa, el tono, el acento, para hacernos entender mejor y para atraernos su atención y benevolencia.




Pero cuando escribimos una carta, es frecuente que de nuestro lejano interlocutor no conozcamos otra cosa que el nombre; y aunque tengamos la suerte de conocerlo íntimamente, no podemos, sin embargo, imaginar cuál será su humor en el momento en que reciba nuestro escrito, ni en qué circunstancias de tiempo, de lugar o de oportunidad se verá obligado a leerlo.

Podrá ocurrir, por ejemplo, que una carta nuestra de tono frívolo le llegue inmediatamente después de haberse enterado de una grave desgracia, o que una caita nuestra excesivamente
prolija vaya a fastidiarle precisamente cuando está más apremiado por el trabajo.

Quien escribe una carta debe, pues, tener en cuenta todas estas eventualidades, y procurar, en lo posible, evitarlas.

 

Cómo escribir las cartas

La carta tendrá que ajustarse a ciertos requisitos sugeridos por la experiencia; y precisamente tendrá que ser:

  1. Breve y sobria
    Hay que evitar fastidiosos preámbulos, divagaciones inoportunas, superabundancias de lenguaje, y en suma, cualquier prolijidad que seguramente será poco grata a quien tenga que leerla.

  2. Clara y sencilla
    Porque la sencillez y la claridad son dotes esenciales de todo escrito para que su lectura sea fácil y grata: nada es más desagradable para el lector que el trabajo de tener que descifrar obscuridades y resolver acertijos.

  3. Ordenada
    En los criterios y en el desarrollo de sus partes, porque el orden es fundamento de la claridad, y además, predispone favorablemente: el desorden, la confusión y el pasar sin conexión de una cosa a otra son señales indudables de una mente confusa, de ideas todavía no maduras, de impremeditación, de indisciplina.

  4. Moderada en su tono
    Porque una cosa es la palabra vivaz y hasta ofensiva que se escapa en la conversación, pues “las palabras se las lleva el viento”, pero otra muy distinta es la que queda consignada en el papel en toda su crudeza; y es fácil comprender cuán diferentes pueden ser las consecuencias en uno y otro caso.

  5. Sincera y natural
    En el sentido de que deberá reflejar fielmente el alma de quien escribe y estar de acuerdo con el fin que se ha propuesto.


Además, quien escribe una carta tiene que reflexionar largamente antes de redactarla, porque solamente cuando una idea ha sido madurada por nuestra mente sale de nuestra pluma clara y precisa; de una conversación, no quedan huellas materiales, pero una carta sobrevive y puede salir de nuevo a la luz cuando menos se desee, para desmentirnos o comprometernos.

Por último, quien escribe debe poner en ello todo su tacto, es decir, debe medir su propia condición con la del destinatario de la misiva, para ser afable sin abandono con sus subordinados, cordial con sus iguales y respetuoso sin servilismo con sus superiores.

También la claridad caligráfica es un requisito importante de la carta; además de ser una obligada cortesía hacia el destinatario, es útil para el remitente, sobre todo, pues al permitir una fácil lectura, dispone en su favor el ánimo del lector.