Escribir: Cómo aprender a escribir bien

Veinte sugerencias para aprender a escribir mejor.

 

escribir como aprender a escribir bien

 

Las sugerencias que aquí presentamos se refieren a varios aspectos del proceso de escribir: incluyen desde dónde sentarse hasta qué palabras usar y no usar. El orden en que aparecen no indica importancia. Los lectores y lectoras decidirán qué es lo más importante.







 


1) PONTE CÓMODO Y PREPÁRATE PARA ESTAR SOLO

Escribir es un diálogo con otros que se realiza en soledad. Tenemos que estar preparados psicológicamente para quedarnos solos ante la pantalla o el papel y para iniciar el largo proceso de componer un texto.

Hay que darse tiempo, calma, y hay que buscar el silencio o el semisilencio que mejor se acomode a nosotros. Hay que tener, también, lápiz, papel, o procesador de textos y teclado que nos gusten y nos resulten cómodos. No te olvides tampoco de una silla cómoda y de una mesa de altura correcta. Trabaja con buena luz.

Hay quien prefiere escribir encerrado en una habitación y mirando una pared. Otros buscan las ventanas con paisaje, otros van a las bibliotecas donde todo el mundo está trabajando, o a los cafés donde se puede estar acompañado y solo a la vez.

Cada uno debe buscar su bienestar y su concentración. A veces lleva tiempo saber lo que uno quiere, o lo que le va mejor. Pero escribir es una ceremonia, y debemos cumplirla en cierto escenario y dadas ciertas condiciones.

Es verdad que se han escrito grandes obras maestras en la cárcel, en habitaciones heladas a la luz de un cabo de vela, en las trincheras de la guerra. La inspiración (y la buena obsesión) son los mejores afrodisíacos para escribir. Pero por qué ser heroicos cuando no hace falta. Escribir es un oficio como cualquier otro, y requiere ciertos preparativos y comodidades físicas que inducen al buen rendimiento.


2) HAZTE DUEÑO DE LA PÁGINA

No te escondas detrás de lo que escribes, y no te pongas por delante de lo que escribes. Ser «dueño» quiere decir, aquí, que tú eres el que sabe, tú estás tomando la palabra, tú tienes una voz que quieres que oigan. Ni murmures ni grites, habla con el volumen necesario, explica lo necesario, aclara lo necesario, calla tus opiniones donde no hagan falta, y acompaña a tus lectores en la lectura, guiándolos.

Sé calmo, pero no demasiado parsimonioso, muestra tu entusiasmo (el entusiasmo es contagioso) y afirma solamente lo que sabes y lo que puedes probar. Esas son las claves de la autoridad, que se reflejan en el estilo, en el registro, en algún rasgo de humor. Horrorízate de la solemnidad, gran vicio del mal escritor, y evítala a toda costa.


3) REESCRIBE

Escribir es reescribir, como te dirán todos los manuales de composición. No esperes que te salga una frase definitiva al primer intento. Por lo general, la frase definitiva requiere varios intentos. Si durante un día de trabajo lo único que has hecho es borrar y escribir encima, sin llegar a ninguna versión que te guste, da el día por bien empleado: todos esos intentos eran necesarios y te van a conducir a la redacción definitiva.

Es probable que alguna noche cierres tu computadora pensando que ya tienes el trabajo hecho y que te quedó muy bien. Te vas a dormir satisfecho. A la mañana siguiente relees, empiezas a corregir una comita allí, una palabra allá... Descubres con una opresión en el pecho que en realidad sería mejor borrar el apartado 3 por completo, te resistes a hacerlo, vuelves a corregir intentando dejar en su sitio el apartado 3, y no, no queda bien. Lo de siempre: tienes que reescribir gran parte del trabajo que creías terminado. Hazlo. Son gajes del oficio.

Si puedes esperar un poco entre reescritura y reescritura, mejor. Deja descansar el trabajo, es decir, tu mente. Pero recuerda que va a llegar un punto en que no vas a poder reescribir más: hay un momento en que los textos, después de mucho trabajarlos, se vuelven intratables. Parecería que el autor ya ha perdido el impulso que lo llevó a escribir, y que ignora cómo mejorar su escrito: lo acepta como si lo hubiera compuesto otro. Le parece, incluso, que antes escribía mejor que ahora. Es un espejismo común y, probablemente, necesario, porque, si no, un texto sería por definición interminable.

Ah, recuerda: escribir es reescribir, pero es importante que no se note. Si cambias de ánimo, de día, de temperatura, de vocabulario, que todos esos cambios no se vean en cada reestructuración o corrección de tu texto. Tienes que crear la ilusión de que has escrito de una vez, serena y definitivamente, con tu pluma fluida y certera.


4) TACHA

No pases ningún día sin escribir una línea y, también, ningún día sin tachar una línea.

Cuando tu borrador esté ya corregido, o cuando tengas la última versión en la computadora, pregúntate cómo podrías reducir lo que has escrito. Parecería que no se puede quitar una palabra sin estropear el texto, pero no es así: se puede reducir, siempre, se pueden tachar palabras, giros, locuciones que no significan nada, párrafos enteros.

Te damos, al azar y sin inquina, el nombre de algunos candidatos a desaparecer: «es importante señalar», «no generalicemos abusivamente», «personalmente creemos», «por ello», «el mismo la misma, los mismos», «supuestamente», «nosotros creemos», «indudablemente», «me gustaría agregar que», «sin ánimo de ser exhaustivos», «creemos que podemos afirmar», «quizá fuera útil recordar», «dicha problemática», «el problema deviene más importante si»...

También te sugerimos que, al revisar el borrador, elimines de la superficie de tu texto por lo menos la mitad de los adjetivos antepuestos («generosa contribución», «su encantadora hija», «interesante observación»...).


5) NO COPIES A NADIE

Escribir nos enfrenta con una paradoja, la paradoja de la libertad limitada. El lenguaje es de todos y de nadie en particular, o no sería lenguaje: todo el mundo usa más o menos las mismas palabras (al menos en el núcleo de la vida cotidiana) y forma oraciones de la misma manera. Pero cada acto de palabra es único.

Cualquiera de nosotros ha pronunciado más de una vez, probablemente, la frase «te quiero», con la intención de expresar cariño hacia alguien. Si lleváramos un registro de todos los usos de la expresión, explicando qué quisimos decir cada vez, tendríamos una lista de significados ligeramente distintos, o, incluso, muy distintos. Es probable que en dicha lista no hubiera dos significados idénticos. La frase permanece siempre igual a sí misma, si la abstraemos de sus usos, pero cada empleo es único y diferente de los otros, ya que fueron únicos los contextos.

Sabiendo esto, procura expresarte siempre por ti mismo. Si otro lo dijo mejor de lo que tú crees que puedes decirlo, no copies al otro. Intenta que cada ocasión de comunicarte te pertenezca, que haya una señal tuya, tu propio ordenamiento de la frase, tus términos, tu humor... Si no puedes resistirte a la palabra ajena, habla junto con el otro: cita con comillas o parafrasea mencionando la fuente. Cuando cites, sigues hablando tú, aunque tu voz sea dual. Cuando copias, te ninguneas a ti mismo. Escribe a fondo, jugándote, mostrándote. No te canceles.

Por la índole del lenguaje, siempre nos copiamos un poco, repetimos palabras, fórmulas, estructuras genéricas, y también repetimos ideas que recordamos y no sabemos de dónde salen: todo eso es normal, es el plagio aceptable. No lo extiendas a plagio alevoso. Sería un acto contra ti mismo, que perdería la oportunidad de adueñarte del lenguaje para expresarte.


6) DEJA UN POCO DE TINTA EN EL TINTERO

Antes de irte a dormir o de apagar el ordenador o de cerrar el cuaderno, piensa si tienes una idea, aunque sea vaga, de cómo va a seguir el escrito cuando lo retomes. No dejes el trabajo precisamente en el momento en que está empantanado, o al menos no lo dejes por mucho tiempo. Date una vuelta, juega con el perro, enciende el televisor unos minutos, y luego vuelve a tu trabajo e intenta dejarlo encaminado.

Si queda un poco de tinta en el tintero, puede ser que por la mañana o cuando te sientes de nuevo a trabajar, el tintero esté lleno, porque la mente ha seguido trabajando, oscuramente, mientras tú dormías o hacías otras cosas.


7) EVITA LOS LUGARES COMUNES DESDE EL PRIMER BORRADOR

Haz el esfuerzo de evitar los lugares comunes desde el primer borrador. Si no te gusta escribir «Es muy importante señalar...», no te permitas esa construcción ni una vez. Por supuesto, es difícil librarte de algunas muletillas. A veces nos ponemos a escribir para explorar el tema, un poco a ciegas, como una mera prolongación de lo que hemos llamado «precomposición». Si ese es tu talante, escribe como te salga: ya borrarás varias veces. Pero si tienes el trabajo pensado, no te dejes tentar por los lugares comunes. No solamente ahorrarás tiempo, sino que notarás que tu estilo se vuelve más ágil, más perfilado, y que vas descubriendo nuevos modos de presentar tus temas, modos que antes, cuando usabas clichés, no acudían a tu mente. Los lugares comunes embotan la mente, impiden, de hecho, escribir bien.


8) CONCRETIZA, HUMANIZA, METAFORIZA

Escritores, no se enreden en generalizaciones que pueden aburrir al lector. Sean específicos y busquen lo que en periodismo se llama «interés humano». En lugar de escribir «reinaba un gran nerviosismo», escriban «los asistentes estaban nerviosos» y luego expliquen, si cabe, en qué se les notaba. El texto hará sus recorridos entre lo general y lo específico, entre lo abstracto y lo concreto, pero no carguen la mano en lo general y lo abstracto, salvo que estén escribiendo un tratado de filosofía. Donde no sepan cómo concretizar o cómo humanizar, recurran a las metáforas, que proporcionan el soporte cognoscitivo para asirse a los conceptos difíciles, asociando lo abstracto con lo concreto y conocido.


9) CUIDADO CON EL MASCULINO GENÉRICO (ESTÁS CAMBIANDO DE SEXO)

Hoy en día, los masculinos singulares están empezando a perder el significado genérico que se les atribuía. En la repetida frase «el estilo es el hombre», por ejemplo, «hombre» ya no quiere decir, para muchas personas, 'el hombre y la mujer'. No sabemos si alguna vez «hombre», usado genéricamente, quiso decir, exactamente, 'el hombre y la mujer', pero al menos implicaba fuertemente el significado 'ser humano', ya que no se utilizaba nunca el femenino en esos casos.

Pese a la implicación, hace unos años se empezó a protestar contra ese uso, porque, según algunos, la mención del hombre hace pensar más en un hombre con toda la barba que en el conjunto 'hombre y mujer'. A partir de esa sospecha, se intentó dar la bienvenida a la mujer en el lenguaje, y decir «el lector y la lectora», «la autora», etc. Desde el momento en que se incluyeron formas femeninas, los masculinos quedaron más específicos, como solo masculinos. Ahora, si tú escribes «los animales domésticos se parecen al dueño», no se desprende automáticamente que también se refiere a las dueñas.

Una solución muy socorrida para evitar estos malentendidos es usar el plural: «los animales domésticos se parecen a sus dueños». Para algunos, esto no es suficiente, pues el masculino plural comienza a leerse como específico, no como genérico. La solución de poner cada vez el masculino y el femenino (en ese orden, siempre: «los autores y las autoras») resulta pesada. Todavía no se ha impuesto en español usar a veces el masculino y a veces el femenino.

Estas soluciones son rebuscadas, hasta que nos acostumbremos y dejen de serlo. Mucha gente evita tomar ninguna decisión, mediante un uso, generoso de «personas», «seres humanos», «público» (en lugar de «lectores»), etc. Eso está bien, pero la despersonalización continua tampoco es muy recomendable. Prueba y elige lo que más te guste.


10) ESCRIBE UN RESUMEN DE COMPROBACIÓN

Cuando termines la redacción del último borrador, redacta un resumen de tres líneas sobre lo que acaba de escribir, ponlo al principio del trabajo y fíjate si queda bien. No es necesario que el resumen permanezca ahí, aunque a lo mejor te da un encuadre perfecto a tu tema. Pero si va bien, es señal de que el texto es coherente, de que lo que tú querías decir lo has dicho. Si no va bien...


11) ESCRIBE POR PARTES

Si escribes una tesis, un libro, una novela..., divide la obra en partes y trabaja en cada parte con toda la atención y el tiempo que puedas. Imagínate que estás armando una bicicleta: tú tienes la bicicleta en la cabeza antes de empezar, pero debes dedicarte con toda tu energía a cada pieza, en el orden que quieras, sin pensar en las otras, sin saltar de una a otra. Concéntrate y domina tu ansiedad. Cuando hayas trabajado bien todas las piezas o por lo menos algunas de ellas, empieza a poner todo junto y a ver cómo funciona la bicicleta.


12) REVISA PRIMERO LO PRIMERO, DESPUÉS EL ESTILO Y LUEGO LA PRESENTACIÓN

Lo primero es la estructura general del trabajo: fíjate si ha quedado bien claro cuál es la tesis o el tema, si no sobra ni falta nada, si a cada aspecto se le ha dedicado suficiente espacio, si no falla la lógica que organiza el escrito, si el conjunto es coherente, la introducción adecuada, si el párrafo final recoge bien tus ideas. En esta revisión quitarás y agregarás texto; cambiarás de sitio palabras, párrafos o capítulos enteros; mejorarás la manera de explicar las cosas; quizá cuestiones tu vocabulario y eso te lleve a reescribir muchas partes... Reescribe.

Cuando has dicho lo que quieres decir y de la manera más lógica y coherente, refina. Quita adjetivos y adverbios, cambia algún sustantivo, borra el recalcitrante cliché que nunca falta, pon las comas bien, las diéresis, los acentos, comprueba que has dejado sangrías en cada párrafo y un espacio en blanco después de cada signo de puntuación... Estas partes más mecánicas del escrito conviene corregirlas al final, cuando termines de reescribir.


13) GUÍA AL LECTOR

Un escrito es un diálogo, y la lectura es la primera respuesta, aunque tú no la oigas. Piensa en el lector y piensa con el lector. Guíalo. No es necesario que te dirijas directamente a esa figura más o menos imaginaria, diciendo «mi querido lector», o «el lector estará preguntándose...». Ni siquiera es necesario dar pistas de lectura, del tipo de «como hemos visto arriba», «resumiendo lo anterior», etc., aunque no está nada mal dar esas pistas. Pero lo importante, realmente, es que, al escribir, tú te sientes acompañado por otra presencia, y no como si le hablaras a la pared, o (todavía peor) como si hablaras contigo mismo. Que tu texto tenga la apertura y la fluidez de un diálogo, y también la cordialidad de un diálogo. Escribe con claridad, que es la más preciada de las cortesías que puede tener un escritor hacia su lector, y, donde haga falta, repite, resume, remite: sé guía de tu lector dentro del texto. Y no te vayas por las ramas, no canses al lector.


14) REPITE PALABRAS, SI HACE FALTA

No tengas miedo de repetir palabras. No es exactamente lo mismo decir «Cervantes» que «el autor del Quijote», ya que Cervantes escribió otros libros, de modo que, en ciertos contextos, «el autor del Quijote» puede significar algo ligeramente distinto que «el autor del Persilep», etc. Además, esas expresiones suenan infladas. Si estás hablando de Cervantes y necesitas nombrarlo otra vez, nómbralo. Es preferible ser algo repetitivo que ser remilgado, y si encima corres el riesgo de crear confusión, tanto peor. Ah, no escribas «el mismo» (en lugar de «registraron el coche y los ocupantes del mismo»; queda mejor decir «registraron el coche y sus ocupantes»).


15) NO DERROCHES ADJETIVOS

A algunos escritores los adjetivos se les derraman por la prosa, y no los sujetan. A veces pasa, y al releer tenemos que usar sin misericordia la tecla que dice «Suprimir». Evita estos derroches. Cuanto más escatimes los adjetivos, más significativos van a ser. Evita, sobre todo, los muy desgastados: bonito, hermoso, estupendo, maravilloso. Evita también los raros o demasiado cultos: no digas “tantalizador” si puedes decir “tentador”, ni “ignaro” si puedes decir “ignorante”.

Evita también el exceso de adjetivos antepuestos, que muchas veces son meramente ornamentales. Cuando podemos elegir un adjetivo antepuesto (a veces no se puede elegir libremente la colocación del adjetivo, ya que viene impuesta por la gramática) lo hacemos para empaquetar más información en la frase o para agregar una calificación que quizá no sea indispensable. En general, el valor informativo del adjetivo disminuye cuando lo anteponemos a su sustantivo. Compara las dos frases siguientes: en el museo hay cuadros valiosos, y en el museo hay valiosos cuadros. Sin duda los cuadros son más valiosos en el primer caso, en que el adjetivo está después del nombre. En el segundo caso, el adjetivo tiene menos significación: todos los cuadros del museo son valiosos, como todas las pérdidas son irreparables, todas las cartas amables, y cosas por el estilo.

A veces el adjetivo antepuesto se justifica: tú quieres presentar algo como consabido, con poco énfasis, y dices «su encantadora esposa», por ejemplo, como diciendo «ya sabemos que su esposa es encantadora, faltaría más, no tengo ni que decirlo». Es un gesto de cortesía. El mismo gesto hacemos al decir «el conocido escritor», «su amante hija», etc. Pero no te prodigues en cortesías que pueden acusarlo de meloso.


16) NO TE ENAMORES DE LAS PALABRAS, Y MENOS DE LAS DIFÍCILES

No te enamore de ninguna palabra que no te sirva. Conocemos a quien, por mantener una expresión que le parece brillante, es capaz de arruinar todo un escrito. Tacha, borra. Sé desconfiado con las palabras irresistibles. Antes de entregarte, consulta el diccionario, asegúrate de si esa es realmente la mejor palabra para lo que tú quieres decir. A lo mejor hay otra más adecuada, aunque no suene tan bien.

No te sometas a la tiranía de las palabras difíciles. Entre una palabra difícil y una fácil que sean igualmente apropiadas, siempre elige la fácil, siempre, aunque la difícil te seduzca. Por supuesto, en un trabajo académico tú debes emplear el término técnico unívoco, aunque sea cacofónico y esdrújulo... Nunca huyas de las palabras precisas, pero sí huye de las palabras huecas, que no van a dar más autoridad a lo que dices.


17) VARÍA LOS PATRONES ORACIONALES

Cambia continuamente la estructura de la oración. El lugar clave es el principio de la oración: no encabeces dos oraciones seguidas de la misma manera. Oye lo que sucede: «En la casa había un gran jardín. En el jardín había un rosal que daba flores desde marzo. En la infancia solían coger rosas para su madre...». Es cierto que poner un complemento antes o después altera el valor comunicativo de una frase, porque da mayor importancia a una información que a otra. Pero aun así, tenemos muchas posibilidades de variación sintáctica sin traicionar nuestra intención comunicativa. Acostúmbrate a mover las palabras de sitio, a jugar y probar. Cuanto más juegues, mejor escribirás.

Por supuesto, puedes repetir los esquemas oracionales cada vez que quieras explotar los efectos de la reiteración o crear un ritmo.


18) CINCELA TUS PÁRRAFOS

El párrafo es la zona iluminada de la pista en la que tú luces tu danza. Cada párrafo es un espacio que tú acotas para tratar algún aspecto de tu tema. Que el espacio sea adecuado:
ni demasiado pequeño ni excesivamente amplio. Y que esté bien ligado a los otros párrafos, contribuyendo a crear la fluidez con que debe discurrir un texto bien pensado y bien escrito.

No es obligatorio que cada párrafo tenga un solo tema, o que conste de tantas líneas. Lo importante es que sea inevitablemente como es: si un párrafo se puede partir en dos sin amenazar la coherencia del escrito, es que estaba mal señalado originalmente. Si un párrafo se puede juntar con otro, es que estaba colgando, desplazado y huérfano. Si un párrafo ocupa toda la página (en un texto expositivo, en una carta formal, en un informe) córtalo en dos o en tres, y si no puedes... redacta la página de nuevo.

El punto y aparte indica una transición o un cambio de tema, pero el vínculo entre todas las partes del escrito no debe romperse. Un párrafo tiene que llevar al otro, ninguno es totalmente independiente, en cada uno está, de forma más o menos explícita, anunciado o prefigurado el que sigue y los que siguen. Por eso el párrafo final tiene que tener un aire conclusivo. Conclusivo, pero no «literario». Evita, en los textos expositivos, caer en la tentación de que tus últimas palabras suenen líricas. No hace falta.

Todo eco literario fuera de lugar tiene el riesgo de la cursilería.


19) MODELA EL TEMPO DEL ESCRITO

Hay escritos veloces que no dejan respirar (ni pensar) al lector, hay escritos enrevesados que requieren volver atrás continuamente, hay escritos tan lentos que causan aburrimiento o desesperación... Estamos hablando de la velocidad que tú impones al texto, del modo en que manejas el tiempo de la lectura.

A veces escribimos a la carrera y luego, al leernos, nos tenemos que leer a la carrera, con gran disgusto. Entonces deshacemos las oraciones, ponemos puntos y comas, puntos y puntos y aparte. A veces añadimos párrafos enteros, si en la carrera dejamos algo apenas esbozado, o desperdiciamos una buena idea en dos palabras. Se trata de encontrar una respiración, el texto debe coincidir con la respiración plácida de un lector interesado. Compara el ritmo de los dos fragmentos siguientes:

a) Ritmo veloz y enrevesado. Nunca cites de memoria ni menciones (parafraseando o dejando inconclusa la cita, como si fuera archiconocida) a autores que conoces de segunda o tercera mano o de los que no conoces más que el nombre, ni creas que por estar empedrada de nombres y presuponer en el lector —con cierta cortesía muy discutible, pues no se sabe si es cortesía o desconsideración— lecturas que es difícil que tengas o que recuerdes, tu prosa parecerá más brillante, reflejándote a ti, y tu lector te creerá más inteligente.

b) Ritmo lento y pesado. Nunca hagas citas de memoria. Debes ser escrupuloso en el manejo de las fuentes. Evita también una costumbre que afea mucho la prosa de algunas personas. Nos referimos a la costumbre de dejar caer nombres de autores al pasar, citando de manera laxa, o bien dejando las citas inconclusas. Generalmente, se deja inconcluso lo que es consabido por los interlocutores. Como este no puede ser siempre el caso, crearás tú confusión y hastío en el lector. Al tratar tus fuentes con descuido, o dejar caer nombres, cometes dos tipos de error. Primero, te presentas como una persona pedante. Segundo, pareces dar por supuesto que tu lector también conoce a los autores que nombras.

Ten en cuenta los siguientes cálculos, hechos a ojo de buen cubero. Las oraciones cortas provocan textos sentenciosos, lentos. Los incisos interrumpen la respiración (lo que a veces es bueno, pero no hay que abusar y asfixiarse). Los paréntesis crean meandros que demoran el fluir de las frases. Las palabras largas y terminadas en —mente, si se acumulan, embotan la atención del lector. Todas las informaciones que no tengan que ver directamente con la argumentación central de un escrito causan fatiga de lector, que es una enfermedad no mortal que nos aflige a muchos y de la que nos curamos cerrando el libro dañino.

Cambia de paso cada tanto, para evitar la monotonía. Desliza algo gracioso, llama la atención con alguna palabra inesperada, abre un espacio en la información para relatar una anécdota, machaca con una serie de repeticiones rápidas, da solaz con una cita breve y oportuna. Por encima de todo: sabe que tú regulas el tempo, y que el lenguaje es, también, música, aunque no se leas en voz alta.


20) SÉ BUEN LECTOR DE TI MISMO

Escribir es también leer. No conocemos a nadie que pueda escribir sin leer y releer lo que ha escrito, para corregir, tachar y poder continuar. Aprende a leerte. Las mujeres se miran al espejo con atención despiadada, no perdonan ninguna imperfección y, si pudieran, se reconstruirían la cara después de una noche de mal dormir. Los textos son más fáciles de reconstruir que la cara. Léelos con atención despiadada (y amorosa, también: son tu imagen) y corrige alegremente todo lo que no te guste. Vuelve a leerte, con la misma actitud, y vuelve a corregirte.

Otras veces, sobre todo cuando han pasado meses o años y el texto ya no está en composición, léete por el placer de leerte. Vas a descubrir a una persona que quería expresarse y lo logró como pudo. Es posible que celebres y que perdones, como celebramos y perdonamos los textos de nuestros semejantes.

 

 

 

 




Comentarios  

+1 #2 victoria 10-01-2017 04:18
Me gusto mucho, gracias lo que necesitaba
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+1 #1 olmedo gomez 07-11-2016 01:21
hola muy bueno
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